En España, aunque la mayoría de las grandes empresas digan no haber frenado sus acciones de RSE, la crisis económica ha tenido un impacto bastante fuerte sobre la Responsabilidad Social de la Empresa en las pymes. 1 de cada 3 empresas que habían lanzado iniciativas de RSE dicen haberlas paradas mientras que un 18% de ellas las han abandonado totalmente. Para muchas Pymes la prioridad es sobrevivir. Se entiende perfectamente.
Sin embargo, se puede pensar que las empresas que han parado o han abandonado sus iniciativas de RSE a raíz de la crisis, muy probablemente no lo estaban haciendo bien. Cuando la sostenibilidad forma parte de la propia estrategia empresarial, como es el caso de la empresa InterfaceFlor por ejemplo, y de otras ya mencionadas en este blog, las iniciativas de RSE se inscriben de manera coherente y eficaz en las operaciones de la empresa. La RSE no tendría que ser una política desconectada de la estrategia de negocio de la empresa sino una herramienta adicional para mitigar riesgos e identificar oportunidades de negocio.
La RSE no es acción social o filantropía. Incluso cuando se trata de apoyar a la comunidad local o proyectos de ONGs por ejemplo, la empresa tiene que buscar una maneja inteligente y económicamente viable de hacerlo. Un ejemplo: el voluntariado. Hay empresas que permiten a sus empleados ausentarse de su puesto de trabajo, una vez al año, unos días o unas horas, para dedicarse a actividades voluntarias, colaborando con proyectos de ONGs. La empresa tiene interés en incluir estas actividades en su plan de desarrollo de competencias: en función de la actividad de la empresa, es importante preguntarse qué tipo de proyectos puede ser útil de manera eficaz a mis empleados para mejorar las habilidades necesarias en su trabajo. Otro ejemplo: si la empresa quiere apoyar a las comunidades locales, cuáles son las áreas en las que los ciudadanos pueden necesitar información o educación para tomar mejores decisiones como consumidor. Un banco tendrá interés en desarrollar acciones de educación financiera por ejemplo.
Para inscribir la sostenibilidad en la propia estrategia empresarial es imprescindible empezar por un análisis del contexto de la empresa: ¿Qué productos fabricamos o qué servicios ofrecemos? ¿De qué manera lo hacemos? ¿Quiénes son nuestros grupos de interés: clientes, proveedores, ONGs, comunidades locales, partners? ¿Qué tipo de expectativas tienen? ¿Cuáles son los temas relevantes para ellos? ¿Cuál es el impacto de estos temas para nuestro negocio? ¿Cuáles son los riesgos derivados de nuestra actividad? ¿Cuál es el riesgo de no solucionarlos? ¿Qué tipo de oportunidades de negocio nos abren estos temas?